Por Joselin
Steel Pérez
Se supone que los mejores recuerdos de
una persona son los de la infancia; comúnmente, esto ocurre porque no se tienen
más preocupaciones distintas a que la madre ordene arreglar el desorden del
cuarto o mandarlo a bañar cuando está en la mejor de las aventuras.
Hoy tengo 21, mi país es Venezuela,
nací en Caracas en noviembre de 1992; en él aprendí a leer, escribir, a no
quedarme callada cuando algo me molesta, la historia que vieron mis ojos, la
que sentí desde ser una infante; tiene a todos mis sentimientos en revolución
porque los derechos de mis compatriotas está siendo pisoteados por unos
gigantes que crecen al alimentar el hambre de poder y al hacer correr sangre
para saciar su sed de ambición, de sus bocas salen palabra de aliento para la
población, pero entran cada vez más, toneladas de lágrimas de personas que
sufren al ver que su país se está cayendo en pedazos a causa de las huellas de
aquellos gigantes.
Desde mis primeros días en el cálido
hotel barriga de mi madre, en febrero del 92 la revolución inició con el golpe
de estado de Hugo Rafael Chávez Frías,
que se sublevaba al entonces
presidente Carlos Andrés Pérez, golpe de estado fallido para el militar que fue
condenado a 2 años de prisión, razón que lo hizo llegar con más ganas de acabar
con el costumbrismo de políticos venezolanos, llegó con las baterías recargadas
en el 1999 y resulta ser el presidente del país del petróleo en América latina.
Recuerdo la emoción de las personas,
fueron días de fiesta, Chávez prometía un buen futuro para el país, donde la
clase popular fuese tomada en cuenta, tenía 7 años para ese entonces y
comprendía que la gente estaba feliz, recuerdo también el cambio en la
educación pública, se abrieron automáticamente varias universidades, se crearon
megacolegios en los que daban 3 comidas, clases en horario extendido de 8 de la
mañana a 5 de la tarde, los cuadernos y libros eran donados por el estado para
quien los necesitara. Los beneficios para los compatriotas, no eran más que la
mejor estrategia política jamás planeada, echarse al pobre al bolsillo, claro,
sí es que Venezuela es un país popular.
Al pasar el tiempo, las personas
estaban más contentas con lo que pasaba en el país, pues las necesidades como
educación, salud, vivienda, alimentación estaban siendo satisfechas a manos del
gobierno, llegaron los médicos cubanos que regalaban los medicamentos, se
edificaron cientos de edificios para las familias en deplorable situación de
vivienda, habían programas de alfabetización para personas de 5 a 100 años de
edad, recuerdo claramente que así decía la publicidad; yo me preguntaba cómo
alguien de 100 años iba a poder leer y recordar las letras, si se supone que
cuando están viejos, tienen alzhéimer.
En 2005, noté que Chávez se convertía
en ídolo para el sector popular, la venta de collares tipo escapularios sin la
imagen de un santo, con la imagen del comandante, que ahora para muchos es un
santo, así dejé a mi patria, viéndola desde lejos, viendo diarios y noticieros,
que muestran caos, dolor, hambre, desesperación, lágrimas y muerte; los
aperitivos favoritos de los gigantes, me tocó ver cómo despedían al comandante,
después de su muerte, ver cómo el señor Nicolás Maduro toma el poder, cómo
Enrique Capriles lucha por sacar al país del hueco, la imagen más desgarradora,
la de mi gente llorando mientras cantan el himno nacional que se convierte en
la cobija para los que siente el frío que causa la decepción.
Es inevitable sentir, cuando todo el
mundo está mirando que un señor que no sabe hablar en público y se inventa
cuentos fantástico-paranormales con aves, intenta ser el presidente de una
nación que se siente cansada de la inestabilidad, el chavismo murió con Chávez
y él no lo quiere aceptar; los jóvenes salen a la calle ellos no está
alienados, ellos tienen acceso a las redes sociales, conocen las dos caras de
la moneda, ellos protestan porque sus derechos no sean pisoteados, pero, en vez
de darles oxígeno, y tan solo la oportunidad de salir a las calles a sentir que
tienen la fuerza cambio; no, ellos los gigantes se arman y bombardean con gases
lacrimógenos, matan, roban, desaparecen a la gente.
Como todos estos gigantes tienen un
líder, que les da palabras de aliento para alimentar su gran ego, este gigante
líder la hora de dar la cara a la opinión pública, toma el micrófono y escupe
pajaritos, penes torpezas geográficas para crear cortinas de humo a nivel
mundial y dejar de lado la verdadera realidad noticiosa. Pretende bloquear la
señal de canales internacionales y que se nos olvide, pero cuando la dignidad
es pisoteada por un gigante ignorante, torpe, ambicioso, soez, los compatriotas
se cansan pero no se rinden; y por más que corra sangre para saciar la sed de
los destructores, más sed de venganza existirá hasta ver a ese que tanto los ha
hecho sufrir, llorar, escapar, marchar, morir algún día pague por su
desfachatez y su inmoralidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario