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viernes, 13 de septiembre de 2013

Protestas sin violencia

Por María Cecilia Áñez Estrada

El paro agrario ya cumple 13 días de haber iniciado,  y hasta el momento no ha dejado más resultados que sectores inconformes y vándalos que en medio de los disturbios han destruido desde vehículos que se desplazan de una ciudad a otra hasta locales ubicados en los centros de las ciudades.

Este paro, que comenzó el lunes 19 de agosto como una protesta pacífica por parte de sectores del Agro colombiano como los papicultores y lecheros, con los días y, ante la indiferencia del gobierno, se ha convertido en jornadas de disturbios y enfrentamientos entre los campesinos y la policía que intenta mantener el orden público.


Algunas de las acciones que han realizado los manifestantes van desde el bloqueo de vías con bultos de alimentos, hasta el “cacerolazo” realizado el 26 de agosto como consecuencia a que el presidente manifestara que “El tal paro nacional agrario no existe" y que “no son más de 10, 15 o 20 personas quemando llantas en algunas carreteras para generar ese miedo en la población”

Yo creo que el problema no es la manifestación y la protesta como tal, pues es un derecho ciudadano el hacer visible su inconformidad en cuanto a algún tema y hacer escuchar sus peticiones, lo que no está bien es aceptar el vandalismo y los enfrentamientos como los  que se han venido dando y cuyo único resultado son personas heridas y saqueos.

No se puede defender en este punto a ninguno de los dos lados, pues ambos han sido generadores de excesos, desde los policías que golpearon sin razón aparente a algunos periodistas en Medellín y que han atacado a civiles y campesinos,hasta los  civiles que han tirado bombas caseras a los policías y no han dejado movilizar las misiones humanitarias y las ambulancias, pero sí debemos resaltar actitudes como la de los manifestantes en Bogotá que sin armas y solo con sus brazos detuvieron una turba que quería linchar a unos policías o el policía que impidió que sus compañeros maltrataran a un civil.


Es justo que los campesinos defiendan sus derechos y reclamen una situación más equitativa para sus productos, lo que les mejoraría sus condiciones de vida, pero no estoy de acuerdo con las peleas, los desmanes y los atentados contra la vida del otro. Debemos entender que golpeando y maltratando a quien no comparte nuestra idea y nuestro pensamiento no se gana nada. 

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